Aunque muchas veces se mencionan juntas, las amígdalas y las adenoides no son lo mismo. Ambas estructuras forman parte del sistema inmunológico y ayudan a protegernos contra virus y bacterias, especialmente durante la infancia, pero se ubican en lugares distintos y generan síntomas diferentes cuando se inflaman.
Las amígdalas están visibles a simple vista en la parte posterior de la garganta, a cada lado del paladar. Se encargan de defender el organismo de microorganismos que entran por la boca y se inflaman principalmente por infecciones bacterianas o virales, produciendo dolor de garganta, fiebre, dificultad para tragar y malestar general. Las infecciones repetidas pueden llevar a una amigdalitis crónica, especialmente en niños en edad escolar.
Las adenoides, en cambio, están ubicadas detrás de la nariz, en la parte alta de la garganta, por lo que no pueden verse directamente. Su función es filtrar partículas que ingresan por la vía nasal. Cuando aumentan de tamaño pueden causar congestión nasal persistente, ronquido, respiración por la boca e infecciones de oído, debido a que bloquean la ventilación del oído medio.
Comprender esta diferencia es importante para los padres que observan signos respiratorios en sus hijos. Un otorrinolaringólogo en Medellín puede determinar si el problema está en las amígdalas, en las adenoides o en ambas, y recomendar el tratamiento más adecuado, que puede ser médico o quirúrgico según el caso.
Por. Dra Ana María Duque Rojas, MD, Otorrinolaringóloga